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Luego de que sus padres viajaran de Illinois a Los Angeles, el pequeño Ray Bradbury comenzó a escribir sus primeros cuentos pero, a diferencia de otros autores que olvidan el viejo terruño apenas lo abandona, Ray nunca quiso dejar en el pasado su vida como un niño campesino que disfrutaba con todos los aromas de una region consideraba, todavia, al menos en Norteamerica, rural.
Tal vez por eso Bradbury recoge en sus cuentos mejor que nadie esa mezcla de aromas, colores y sabores que las frutas naturales tienen cuando nacen y son cultivadas con amor y sin bioquimicos. De eso, en realidad, todos podemos hablar porque, de niños, las personas que tengan mas de veinte años, habra probado alguna vez (de hecho, mas de una vez) las naranjas, manzanas o peras que sus abuelos cultivaban en sus jardines.
Frutas que tomabamos directamente de los arboles en verano cuando, agotados de tanto correr, necesitabamos recuperar energia y esos frutos naturales nos la daban, dejando un sabor imborrable en nuestra boca similar al que sintio, seguramente, el gran Proust al mojar su magdalena en el te.
Para recuperar ese viejo sabor perdido, que tanto nos recuerda a nuestra infancia, usted debe comprar naranjas valencianas cultivadas por un joven grupo de agricultores decididos a que cada uno de sus clientes recupere el autentico sabor de las narajanjas cultivadas sin ser sometidas a ningun proceso de conservacion.
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