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Ejemplo de superación. Sigue siendo uno de los barrios obreros más humildes de Torrelavega, pero los vecinos de San Salvador y Santo Domingo se muestran orgullosos y agradecidos por los muchos logros alcanzados. San Salvador y Santo Domingo es uno de los barrios obreros más humildes de cuantos existen en el extrarradio de Torrelavega, pero también es un ejemplo de superación y sus habitantes se muestran orgullosos y agradecidos por los muchos logros alcanzados, especialmente en las últimas décadas. Primero se desarrolló bajo la tutela de la fábrica, Sniace, y el régimen de la época, la dictadura de Franco, y después, en la presente etapa democrática, liderado por su asociación de vecinos, la más antigua y quizá la que mejor funciona en el municipio. El barrio nació en la década de los años cuarenta del siglo pasado, a la par que Sniace, un gigante fabril en el que llegaron a trabajar casi cuatro mil personas. Sus operarios, procedentes en su mayor parte de las comarcas del interior de Cantabria y otras regiones limítrofes, necesitaban un lugar donde vivir y así fue como la empresa impulsó la construcción de los diferentes barrios, primero El Salvador y después La Palmera, Santo Domingo... Las casas se construyeron al otro lado del río Saja-Besaya, en la zona norte del municipio, en terrenos que antes eran prados y mieses que después pasaron la denominarse popularmente como "Poblado de Sniace". Eran tiempos duros, en los que el país intentaba recuperarse de la terrible Guerra Civil y los vecinos ocupaban en alquiler unas viviendas pequeñas, mal construidas y sin apenas servicios públicos, que tardarían décadas en hacer propias. Tiempos más felices La mayor parte de las familias eran numerosas, los salarios pequeños y la contaminación casi insufrible, pero también fueron tiempos felices en los que el barrio vivió un ambiente de camaradería y solidaridad que no se ha vuelto a repetir. «Antes éramos como una familia, lo compatíamos todo. Ahora la vida es más triste, hay egoísmo y envidia, un mal general», dice apenado el presidente de la Asociación de Vecinos, Manuel Ortiz Pascual. En las primeras décadas, un guarda se encargaba de velar por la seguridad y un taller de mantenimiento supervisaba el estado de las viviendas, muy castigadas por fugas de agua, los atascos en las tuberías, etc. Sniace, el Estado y la Iglesia impulsaron numerosas obras sociales (enseñanza, cultura, deporte...). Pocos han olvidado aquella guardería (Casa de los Niños) que permitía a miles de padres y madres ir a trabajar, la construcción de la iglesia, los históricos partidos de fútbol y de hockey sobre patines o la visita de los Reyes, entonces Príncipes de Asturias, en los años 60. El gran impulso Pero el gran impulso no llegó hasta 1975, cuando un grupo de jóvenes decidió crear la asociación de vecinos, fruto de su espíritu asociacionista y corporativo. «Fue un domingo, después de misa. Decidimos que había que adecentar nuestra plaza, hasta entonces de arcilla, y lo hicimos a pico y pala. Después continuamos con las calles, las tuberías...», recuerda el presidente. Manuel Ortiz, ejemplo de tenacidad y entrega a los demás, lleva 25 años al frente del colectivo y es una pieza clave en los logros alcanzados: «Ahora tenemos gas natural, comunicaciones por cable, nuevas aceras, saneamiento, red de agua, parque infantil, pista polideportiva, fachadas pintadas, biblioteca, salón de actos, local para actividades, pabellón en el colegio, tráfico regulado, la iglesia arreglada, locales para mayores y jóvenes...». Destaca especialmente la recuperación del reloj de la iglesia, que fue el guía de los vecinos durante décadas en su vida cotidiana, y anuncia que en octubre comenzarán las obras de mejora de la plaza, principal seña de identidad del barrio. Pero el presidente de la asociación, de 70 años, dice que no quiere morirse sin antes ver atendidas otras reivindicaciones: construcción de una glorieta en los peligrosos accesos al barrio, bajar los niveles de contaminación (los más altos de la ciudad), que se respeten las señales de tráfico y más limpieza viaria y presencia de la Policía Local. Texto tomado Periódico"El Diario Montañes"
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